Un punto y una silbatina se llevó anoche Sebastián Beccacece al vestuario. Ante 26 mil personas, en el Estadio Nacional, Universidad de Chile logró apenas igualar 1-1 con Deportes Antofagasta, con lo que el registro del entrenador argentino con los estudiantiles suma apenas tres triunfos en 19 encuentros oficiales, recuento que ratifica la incapacidad de un técnico debutante para ser el titular de un club tan importante como la U.

“Muchos patadas, pocas anotaciones y empates”, sostiene el locutor de una transmisión televisiva que observa la familia Simpson en un capítulo dedicado a reírse del soccer. Así describe el fútbol la satírica serie animada. Y el primer tiempo calzó perfectamente con la perspectiva de muchos estadounidenses sobre el deporte más popular del mundo. En el Nacional, nutrido en asistencia por la promoción del Día del Niño (celebración de la mercadotecnica que en rigor se conmemora mañana), los equipos fueron incapaces de urdir alguna jugada presentable. Y apenas se registró un tiro al arco, tan desviado como elevado, de parte de Nicolás Maturana, uno de los pocos que puso entusiasmo, a falta de buen juego, durante el período inicial.

Si Beccacece busca validar la eficacia de su trabajo mediante el argumento de la posesión, durante esos 45 iniciales tuvo material para eso, pues la U tuvo más del 73%. Lo malo es que el DT, en su primer año como tal, parece no entender que contar con el balón debe tener un finalidad: anotar o intentar anotar. Y cómo en el relato de los Simpsons, “el defensa de la pasa al medio, el medio al atacante, el atacante al medio…”.

Las debilidades del técnico, además, tuvieron en ese período un correlato igualmente decepcionante en los rendimientos individuales de algunos de los jugadores de mayor costo en el plantel, como Gastón Fernández, quien influyó poco o nada.

La reanudación, no obstante, comenzó con algunos acciones que permitían abrigar la esperanza de entibiar la tarde con un gol. Y eso se produjo a los 55’, cuando Jean Beausejour y Nicolás Maturana organizaron un desborde que concluyó con el centro rasante del pequeño volante. El pase encontró como receptor eficaz a Alejandro Contreras, quien se había sumado a la presión que ejercían volantes y delanteros, para anotar.

La esperanza, no obstante, duró muy poco, pues cinco minutos después llegó el golpe que sacudaría las febles convicciones azules, cuando una mala salida de Sebastián Martínez concluye en un centro que es peinado por Francisco Castro. Así, en el segundo palo, apareció Augusto Barrios para anotar el empate con un violento disparo cruzado.

A partir de ese instante, la confusión aumentó en grado sumo y salvo algún par de intentos individuales (como un disparo del juvenil Mario Briceño), fue poco o nada lo que se inquietó a Dituro.

Y, como pronosticaban los Simpsons, el asunto terminó en empate. El segundo semestre de Beccacece, en tanto, debería reducirse a miniserie.

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